Visita a una religiosa que para mi es modelo de entrega y teson

No quiero decir su nombre. Solo decir que estamos ante una religiosa como la copa de un pino. Se ha ido de la ciudad que tanto quiso. Se ha sentido muy mal al dejar su trabajo, después de tantos años dedicada a los demás. Es un lujo tener religiosas como ella. Aunque peca de humilde y no quiere que se le agradezca nada. Las personas grandes, no admiten las alabanzas, porque saben aplicarse aquellas palabras del Señor en el Evangelio: “Siervos inútiles somos, solo hemos hecho aquello que teníamos que hacer.”… Que bien hecho aquello que han hecho. Muchos se lo agradecerán. Otros quiza no aprecien el trabajo de esta hermana. Vivimos en medio de desagradecidos es verdad, pero todos los que la conocieron, trabajando de sol a sol puden dar fe de que conocieron a una persona maravillosa. Hoy compartí con ella en su nueva casa una frugal comida. Me deleitó con su sencillez y su bondad. Me agrado la comunidad de estas cuatro religiosas que en medio de la gente comparten el trabajo en una parroquia de las afueras de la gran ciudad. Lástima que no haya muchachas que , inquitas, conocieran estos pequeños remansos de paz, de laboriosidad callada, de sencillez y de delicadeza. En medio de la gente con la que conviven, y en medio de la gente El , con mayusculas, presente. En una de las habitaciones de la casa. En el centro de la habitación está tambien el. El santo Tabernáculo. Allí conociendo de cuitas y desvelos por los demás; acompañando a esta comunidad que hoy he conocido.

Cuatro religiosas que no son las jovenes que un día en ese mismo lugar comenzaron su trabajo. Hoy en día las fuerzas no son las mismas, pero la ilusión sigue siendo la misma… Se encuentran, oran en común, trabajan al unísono. Cuando una atiende a los huespedes, las otras limpian, barren, friegan. Que bello convivir los hermanos unidos. Es unguento que baja por la barba de Aarón hasta la franja de su ornamento.

El trabajo que desarrollaba esta hermana era de voluntaria en un proyecto de rehabilitación de toxicómanos. Ella se encargaba de atenden a las familias de los muchachos. Ella convivia co los padres que sentían que todo se les venía abajo cuando descubrían que uno de sus hijos había caido en manos de ese corcel blanco que no tiene consideración con quien quiera domarlo.

En sus años entregada a ese menester pude decir que conoció muchas personas que sin dejarlo del todo, hoy han rehecho sus vidas. Ella sabe que hablar de rehabilitación es una quimera, pero así y todo hay que mantener la esperanza. Poco a poco las personas que han caido en la garras de esa bestia, se recuperan gracias al esfuerzo y la antención y dedicación de las y los terapeutas. Ella sabe de noches sin dormir, de desvelos cuidando a un/una enferma. Escuchando a unos  y a otros. Aunando esfuerzos a veces sobrehumanos para dar esperanza a quienes la han ido perdiendo poco  a poco.

Buscando trabajo para aquel que ha perdido el empleo, convenciendo a una persona que deje la venta de la porquería esa. Ayudando a una familia que ve como una de sus hijas crece en medio de la podredumbre que las sustancias generan.

Pero quizá su mayor trabajo, su mayor dedicación haya sido escuchar. Escuchar en medio de una sociedad que no practica la acogida, que no acoge al otro tal como es. En medio de una sociedad que acusa con el dedo a quien antes, permisivamente e hipócritamente ha puesto en el disparadero.

Gracias por tu testimonio. No te hemos de olvidar.

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