Meditacion del padre General para Febrero

Mensaje del Padre General para 17 de febrero

“Pues así me ha hablado el Señor:
Anda coloca un centinela para que comunique lo que vea.” (Is. 21.6)

Este 17 de febrero, los Misioneros Oblatos de María Inmaculada celebramos el 183º aniversario y justo comenzamos a prepararnos para nuestro 35º Capítulo general. ¿Sería un buen momento para poner a un centinela, quien nos diga lo que la historia trae consigo actualmente? O deberíamos quizá tomar este papel nosotros mismos. “El vigilante exclama: En lo alto de la torre, mi Señor, estoy de pie todo el día… permanezco alerta toda la noche.” (Is.21, 8)

Para ilustrar esta víspera, les plantearía dos cuestiones relativas a la vida religiosa en la Iglesia y por lo tanto, también en casa. ¿Cuál es la situación de la vida religiosa actual? ¿Y, cómo se la debe abordar en el futuro? Buscar respuestas a estas dos cuestiones podría ser una etapa en nuestro itinerario hacia el Capítulo de 2010.

1) La situación de la vida religiosa en la Iglesia de hoy. Los Oblatos, somos una de las numerosas Congregaciones fundadas inmediatamente después de la Revolución francesa, así como también otros Institutos de vida consagrada, fundados antes o después de nosotros. Mientras que la mayoría de estas fundaciones desapareció durante la historia, unas cuatrocientas órdenes masculinas y mil trescientas femeninas siguen existiendo hoy, no contando sino las de derecho pontificio. Hay alrededor de un millón de religiosos/religiosas en la Iglesia. Cuando el Dicasterio romano para la vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica ha celebrado los cien años, en noviembre pasado, el historiador Andrea Riccardi, fundador de la comunidad laica de Sant’ Egidio,[1] dio una conferencia sobre el pasado y el futuro de la vida religiosa. Escuchar a alguien del exterior que nos hablaba fue totalmente luminoso.

Riccardi, en primer lugar, describió el tiempo del florecimiento extraordinario de la vida religiosa, que ha durado ciento cincuenta años aproximadamente, y que culmina en los años sesenta. La imagen pública de la Iglesia Católica, como se presenta hoy, fue labrada en gran parte por los religiosos; es incluso verdadero decir que la Iglesia, en su extensión mundial actual, está de sobra endeudada con las congregaciones religiosas misioneras. Riccardi observaba que, cuando algunos Gobiernos hostiles querían limitar la influencia de la Iglesia, a menudo han comenzado por ir contra los religiosos.

Prosiguió, tomando nota de la disminución numérica debida a la crisis que ya comenzó en tiempos de Pío XII. En cuanto al futuro, veía que en Occidente la disminución continuaría, mientras que en otras partes hay un progreso. Pero incluso en Occidente, la vida religiosa no desaparecerá. Riccardi destacaba que no deberíamos decir que no habrá futuro, no solo para los movimientos eclesiales, o aun para el laicado; son que la vida religiosa deberá siempre cumplir su misión.

Nuestro orador terminaba su conferencia reafirmando sus convicciones que, para los religiosos, la oportunidad se encuentra del lado profético; eso supone tener una posición crítica ante las culturas, en medio de las cuales vivimos e indicar maneras alternativas de vivir. Tenía en cuenta también que los religiosos, con su experiencia internacional, se encuentran favorecidos actualmente ahí donde, para mejor o peor, la globalización y la interdependencia se refuerzan cada día.

2.) Encuentro que este análisis describe muy bien el momento presente de la vida religiosa y también lo que los Oblatos vivimos mientras que nos preparamos a celebrar este 17 de febrero de 2009. Pasemos ahora a la segunda pregunta que mencionábamos: ¿cómo debemos entrar en el futuro?

El tema de trabajo del futuro Capítulo es la conversión. A mi modo de ver, sería falso interpretar este tema como si, a partir de ahora deberíamos volvernos hacia lo interior, intentando ignorar en la medida de lo posible el contexto descrito mas arriba. ¡Creo que eso sería un gran error! Según el Evangelio de Marcos, Jesús comienza su Ministerio por un llamado a la conversión; literalmente un cambio de mentalidad (“metanoia” en griego); y la llamamiento a la fe, pero esta llamada está vinculada a una interpretación del momento histórico (“kairos”) lo que le lleva a decir: ¡El Reino de Dios está muy cercano! El texto citado dice: “Ha llegado el tiempo. El Reino de Dios esta cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio.” (Mc 1:15)[2]

Si seguimos el Evangelio, es bastante claro que nuestra conversión recibirá su fuerza de una lectura adecuada de las señales de los tiempos. Basta con observar el Prólogo de nuestras Constituciones para concluir que el Papa León XII aprobó la Congregación de San Eugenio, el 17 de febrero de 1826, porque ofrecía una lectura encendida de las señales de los tiempos, en un momento en que la Iglesia y la sociedad atravesaban por una crisis. Los primeros Oblatos eran personas que habían pasado por una conversión vinculada a una verdadera comprensión de este momento histórico y turbulento.

Desde entonces, la historia ha avanzado. Año tras año. La lentitud de su paso, corre el riesgo de ocultarnos los cambios; el peligro es adormecernos y levantarnos atrasados. Sin embargo, hoy debería ser fácil ver que vivimos un momento de gran transición. ¡Afinemos pues nuestra mirada! “Pues así me ha hablado el Señor: Anda coloca un centinela para que comunique lo que vea.” (Is 21:6) La nueva visión no se encontrará, ni jugando con la seguridad, ni haciendo siempre las mismas cosas antiguas, ni en innovaciones que signifiquen renunciar a nuestra identidad; la nueva visión se encontrará en la lectura clara de nuestro presente viviendo al mismo tiempo la conversión que de él se deriva. El presente era patente en tiempo de Isaías, la caída de Babilonia (Is 21:9: “Cayó, cayó Babilonia y todas las estatuas de sus dioses están en el suelo, rotas.”). En el tiempo de los Evangelios, el presente era la proximidad del Reino de Dios. ¿Qué nombre daremos a la era actual? ¡Nos convertimos en vigilantes, decimos lo que vemos! Sólo el claro reconocimiento del tiempo presente puede comprometernos en una conversión personal y comunitaria, que nos estimulará a un celo profético y a ser un misionero nuevo. Somos enviados como profetas en este mundo, un mundo amado por Dios pero que tiene grandes maneras alternativas que vivir.

Les deseo a todos un alegre 17 de febrero, en este 2009º, año de la Redención, mientras que preparamos nuestro 35º Capítulo general.

En Cristo y María Inmaculada

P. Wilhelm Steckling, OMI
Superior general

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