Alcanzar la inmortalidad

Joven aún, Beethoven se propuso escribir algunas improvisaciones sobre partituras de Pergolesi. Durante meses se dedicó a este trabajo y finalmente reunió el valor necesario para hacerlo publico.
Un critico escribió una página entera en un periódico alemán en la que atacaba con ferocidad la música del compositor.
Beethoven no obstante, no se arredró ante los comentarios vertidos por dicho individuo.
cuando sus amigos le insistieron en que respondiese al crítico, el apenas comentó: – lo que tengo que hacer es continuar con mi trabajo. Si la música que componga resulta tan buena como pienso, sobrevivirá al periodista. Si tiene la profundidad que espero que tenga, sobrevivirá al propio periódico. Entonces, si este ataque feroz a lo que hago es recordado en el futuro, será apenas paraa recordar la imbecilidad de los críticos.
Beethoven tenía toda la razón del mundo. Más de cien años después la susodicha crítica fue recordad en un programa de radio en Sao Paulo (Brasil).
Esto me da pie a afirmar que aunque los demás nos critiquen, si somos sinceros, tenemos que reconocer que no impedirán que seamos lo que somos, que hagamos lo que hacemos. Los demás no pueden decidir sobre nuestra realidad. tampoco tienen poder de decision sobre nuestras decisiones. Al respecto me recuerdo de una frase que oí en otro tiempo en la que se decía que la mayor parte de las personas no tienen ningun derecho a decidir sobre nuestro estado de animo. Los demás no pueden ofender si nosotros no les damos pie.
Por eso los grandes personajes de la historia son lo que son. han sobrevivido a las criticas de las mentes mediocres de sus contemporaneos. Hoy nosotros admiramos su obra, porque de otro modo, si se hubieran dejado manipular por personas que tenian miras muy raquíticas, nada idealistas, no nos hubieramos enriquecido con sus obras inmortales.
Por ello aquí tenemos que decir que la inmortalidad es no dejarse “matar”por las personas que nos impiden crecer, renovarnos, mejorar etc. somos conscientes que la vida de los mediocres no podrán nunca superar la sublimidad de las mentes inteligentes, pero sobre todo de las mentes que no se arredran ante los estúpidos, ante los imbéciles.

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Aprendiendo a amar:

Ésta era la oración diaria del israelita piadoso: “Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal. Las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales”. Continuar leyendo

Domingo cuarto de cuaresma

Reflexiones sobre el Domingo IV de cuaresma

El texto y su contexto

Leamos Juan 3,14-21:

“14Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto,
así tiene que ser levantado el Hijo del hombre,
15para que todo el que crea tenga por él vida eterna.
16Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único,
para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por él.
18El que cree en él, no es juzgado;
pero el que no cree, ya está juzgado,
porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
19Y el juicio está en que vino la luz al mundo,
y los hombres amaron más las tinieblas que la luz,
porque sus obras eran malas.
20Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz,
para que no sean censuradas sus obras.
21Pero el que obra la verdad, va a la luz,
para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios”.

Texto del Evangelio Nicodemo y Jesús
El Evangelio de este domingo nos presenta la parte final del diálogo de Jesús con Nicodemo, el Maestro de la Ley, Fariseo y Magistrado judío que vino a ver a Jesús de noche. Aquí Jesús aborda el tema de la luz que disipa las tinieblas. Por cierto, una bella conclusión para el encuentro nocturno.

Para cultivar la semilla de la Palabra en la vida

5.1. ¿Cuál es el contexto de la enseñanza de hoy? ¿A qué estaba respondiendo Jesús?

5.2. ¿Qué idea tengo del amor de Dios?

5.3. ¿Qué afirma Jesús sobre lo que Dios ha hecho por nosotros? ¿Que grado de realidad tienen para mí estas afirmaciones? ¿Las considero descripciones de la realidad decisiva para mi vida?

5.4. ¿Qué mundo es aquel que es dejado a sí mismo y a su destino? ¿Qué mundo es aquel que es sostenido por el amor de Dios y por su voluntad de salvación?

5.5. ¿Me doy cuenta de que en el mensaje de Jesús todo se fundamenta sobre Dios y sobre la fe? ¿Cuáles son los pasos del dinamismo del “creer”? ¿Cómo me voy a preparar para la renovación de mi fe en la Vigilia Pascual?

Jesus y el Templo

Jesucristo, Nuevo Templo. El orden entre la religión del corazón y la veneración por el Templo, a que hemos aludido a propósito de los profetas, se observa de modo semejante en Jesucristo: aparte de cumplir el rito de la presentación y rescate de los primogénitos (Lc 2, 22-39), Jesús siente, ya de niño, la atracción de la ‘casa de su Padre’ (Lc 2, 41-50) y, de mayor, el celo por el Templo como ‘casa de oración’, mancillada por los negociantes (Mt 21, 12-13; Mc 11, 11.15-17; Lc 19, 45-46; Io 2, 13-17; cfr. Is 56, 7; Ier 7, 11). Aprueba los cultos a Dios allí practicados, aunque denuncia la superficialidad que se ha infiltrado (Mt 5, 23 ss.; 12, 3-7; 23, 16-22; etc.). Pero, llevando a su culmen las predicciones de los antiguos profetas anuncia, no sin dolor, la ruina definitiva del Templo (del tercer Templo, edificado por Herodes el Grande), del que, ante el asombro de los Doce, predice que no quedará piedra sobre piedra, como en efecto sucedería unos treinta años después (el 70 d. C.).

La revelación más profunda y misteriosa sobre el Templo la expone Jesús después de la expulsión de los vendedores, cuando los judíos le preguntan qué señal les da para actuar así (lo 2, 18). S. Juan nos ha conservado esta respuesta de Jesús: ‘Destruid este Templo y en tres días lo levantaré’ (lo 2, 19). El mismo Evangelista continúa: ‘Los judíos le replicaron: en cuarenta y seis años fue edificado este Templo y ¿tú lo vas a levantar en tres días? Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que ya lo había dicho, y creyeron en la Escritura y en la palabra de Jesús’ (lo 2, 20-22).

La antigua profecía, tantas veces repetida por Dios, de que habitaría en medio de los hombres (Ex 25, 8; 13, 14; Ier 7, 3-7; Ez 43, 9; Ps 5, 12) se cumple de manera plena e inimaginada en el Cuerpo de Cristo, ‘porque en Él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente’ (Col 2, 9). El mismo término habitar es el empleado por S. Juan, al comienzo de su Evangelio, para resumir el misterio de la Encarnación: ‘El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros’ (lo 1, 14). No puede negarse el sentido de cumplimiento que tiene para el autor sagrado la frase que ha escrito bajo la inspiración divina: el habitaré de la promesa veterotestamentaria se ha cumplido plenamente en Jesucristo, y puede emplear el aoristo ‘habitó entre nosotros’. Jesús, es pues, el nuevo Templo, el verdadero Templo, ‘no hecho por mano de hombres’ (Mc 14, 58; cfr. 2Cor 5, 1; Heb 9, 24; Act 17, 24), y del cual el antiguo Templo de Jerusalén era sólo una figura o signo anticipado.

6. La Eucaristía, Templo nuevo perenne en la tierra. Cristo resucita, primicias de la resurrección final de todos, a la vida gloriosa en los cielos ‘sentado a la diestra del Padre’ (Act 2, 33; 3, 7; Rom 8, 34; Eph 1, 20; Col 3, 1; etc.). Pero por su divino poder hace que su cuerpo glorioso ascendido a los cielos permanezca real, admirable y verdaderamente en la tierra, haciéndose presente en todos los lugares entre los hombres hasta el fin de los tiempos. El Cuerpo eucarístico de Cristo será la realidad viviente de la perpetuidad del cumplimiento de la antigua promesa ‘habitaré en medio de ellos’.

El culto público que los antiguos israelitas rendían a Dios en el Santuario y después en el Templo es sustituido por el culto supremo y público, definitivo, que el hombre puede dar a Dios: el Sacrificio por excelencia, la Santa Misa, en el que Jesucristo, sacerdote principal y víctima al mismo tiempo, renueva el Sacrificio único y para siempre de la Cruz. En este sentido adquieren su valor los innumerables templos cristianos, dentro de los cuales y a su abrigo se renueva el Sacrificio y guardan en sí el verdadero Templo, que es Cristo.

Domingo 3 de Cuaresma

Sobre el Evangelio (Jn 2, 13-25)

En La Nueva Alianza será Jesús Nuestro Templo y Sacerdote, y Sacrificio, y Culto:

– Este pasaje evangélico presenta a Jesús dando cumplimiento a las profecías mesiánicas de purificación del sacerdocio levítico (Mt 3, 2-5) y del Templo (Jer 7, 11; Zac 14, 21: ‘Y no habrá aquel día mercaderes en la Casa de Yahvé de los Ejércitos’).

– Pero esta purificación y santificación va a tener una plenitud y radicalidad insospechadas. Caerá el Templo y su Culto. Se erigirá un Templo nuevo: El nuevo Templo, y el Nuevo Pontífice de la Nueva Alianza será Cristo. Es la preciosa enseñanza teológica que se desprende del hecho y del diálogo que narran los vv. 18-22: A los sacerdotes del Templo que la exigen a Jesús presente los títulos y poderes del auto o ‘signo’ que acaba de realizar (15-16) les responde El remitiéndoles el milagro de su Resurrección: ‘Destruid este Santuario’. – El ‘Santuario’ es el propio Cuerpo de Cristo, Cuerpo del Verbo de Dios. Lo destruirán ellos. El lo reedificará en tres días; y será el ‘Santuario’ nuevo del nuevo culto ‘en espíritu y en verdad’ (4, 21-24; Ap 21, 22). Los judíos nada entienden. Los Apóstoles lo entenderán tras la Resurrección y a la luz de Pentecostés (v. 22).

– Ni el Templo de Jerusalén, ni el sacerdocio de Aarón, ni los innumerables sacrificios de animales tienen valor alguno. Cristo Resucitado es el verdadero Santuario-Pontífice y Sacrificio. Cristo es nuestro Templo; y nuestro culto es espiritual, filial, intimo; es verdad, amor, vida. Y ‘en Cristo somos nosotros Templo santo, morada de Dios en el Espíritu Santo’ (Ef 2, 22). Cristo nos ha asociado a ser en El un Cuerpo, un Templo: ‘Nosotros somos la Casa-Templo de Cristo’ (Heb 3, 6). ‘¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿No sabéis que vuestro cuerpo es Santuario del Espíritu Santo? Glorificad, por tanto, a Dios con vuestro cuerpo’ (1 Cor 6, 15.19).

(SOLÉ ROMA, J. M., Ministros de la Palabra. Ciclo B, Herder, Barcelona, 1979)

La comunidad

Quien soy yo para la comunidad

Aquel que comparte su problemática. ¿que es la comunidad para mí? Aquello que me demuestra obviamente que,mas allá de mis propios problemas a menudo insignificantes, hay muchos otros todavía que tambien pueden ser mios, que debo hacer mios, que he de ver, sentir y resolver como si ya lo fuesen.

Este dialogo , esta reintegración en la comunidad, lo realiza cada individuo segun sus posibilidades y sus medios. Depende , entre otras cosas de la forma en que la familia a que pertenece este individuo está adherida a las comunidades con las que convive.