EL CORAZON DE JESUS

JESUS ABRE SU CORAZÓN, para que nosotros podamos entrar en el con nuestro propio deseo de amor. Se deja herir en su amor hacia nosotros. Y de su corazón brota la sangre viva de su amor. Su amor no retiene, sino que se derrama por nosotros. Nos abre un espacio en el que podemos vivir. Jesús comprende su amor como una casa en la que podemos habitar cuando nos exhorta con estas palabras :” Permaneced en mi amor”. Es una imagen muy peculiar para el amor. El amor no es solo un sentimiento que pueda desaparecer, sino que tambien es un espacio donde podemos permanecer en el amor. “Si guardais mis mandamientos, permaneceréis en mi amor”. No podemos disfrutar el amor de Dios solamente para nosotros. Debemos hacer que siga fluyendo de nosotros hacia los demás. De lo contrario, se estanca. Y entonces se derrumba el espacio del amor en el que tan agradablemente se puede “permanecer”. 

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El amor de Jesús no toma, como generalmente hace el nuestro, sino que da. Es puro don. En el fondo de nuestro corazón, todos anhelamos un amor así, que se desprende y se entrega , que muere por nosotros y brota sin límites para nosotros. ante Cristo crucificado, sentimos que somos incapaces de un verdadero amor. Nuestro amor se mezcla a menudo con el deseo de tener al otro para nosotros, de poder poseerlo.

Queremos retenerlo para que no nos deje ya nunca. y no advertimos cómo le quitamos el aire para respirar. Como le arrebatamos la posibilidad de seguir desarrollándose. De llegar a ser en plenitud, y plenamente el mismo. A menudo queremos incluso moldear al amado y forzarle a adoptar la figura que nos parece más digna de amor para nosotros. Así lo expresa el mito griego de Pigmalión, que se hizo una mujer de marfil porque con ninguna mujer estaba satisfecho. De esta manera el otro miembro de la pareja no puede llegar a ser independiente. Es decir, no puede llegar a ser el mismo. Debe seguir siendo creación nuestra. Y no le damos espacio a el, para que sea el mismo . 

En una ocasión en que me puse frente  a cruz del señor y allí le expresé mi incapacidad para amar realmente comprendí el amor que Dios me tiene y me invadió una gran paz. Todo amor humanos es siempre contradictorio. Puede fascinar, pero tambien desgarrar de tristeza el corazón. Puede cautivar , pero tambien puede dominarnos y hasta casi obsesionarnos. Admira y odia. Sana y al momento hiere intencionadamente. Hay muchas clases de amor insatisfecho. Ernesto de Cardenal las ha descrito: “Cuantos viven en el mundo una vida monótona ,y estéril, sin amor, esperando una amor que les llene y que nunca llega. O sufriendo las amarguras del amor despechado. O el tormento del amor imposible o del amor perdido o el amor prohibido que no pueden satisfacer. O la tristeza del amor satisfecho pero que no llena. He vivido con bastante frecuencia la decepción del amor , su llaga, mi incapacidad para  amar realmente. Siento que soy aceptado incondicionalmente pero siento la necesidad de encontrar un amor al que pueda entregarme con absoluta confianza, y todavia no lo he encontrado. En el amor de Cristo en la cruz he encontrado y he experimentado mucho de ese amor por mi. Ahí siendo que soy aceptado incondicionalmente. No hay nada en mi que no sea tocado por ese amor de Cristo. Pero tambien he percibido que solo puede entender correctamente este amor si lo comprendo, como aceptación de mi situación  concreta. 

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