Final de una etapa en la comunidad de Cádiz

Para quien no sepa, los Oblatos llegamos a estas tierras en el año 2003, poco tiempo despues de haber realizado una consulta a los oblatos en una asamblea y haber decidido abrir una casa en un territorio rural. La elección de Cádiz se llevó a cabo por varios motivos: uno de ellos fue porque reunía las características solicitadas para fundar en una zona rural.

La misión estaba formada por  cuatro parroquias en unos pueblos del campo de Gibraltar. Posteriormente se aceptó otra nueva parroquia no ya en territorio rural, sino más en una zona industrializada, al lado de la autovía del mediterráneo, a pocos kilómetros de Algeciras y cerca de la Linea y Gibraltar.

Los primeros Oblatos comenzaron un trabajo realmente misionero. Al principio residieron en la población de Jimena, la sede el Ayuntamiento. Desde allí atendían las demás poblaciones. Al llegar se hicieron la gente especialmente en la zona llamada del Santuario, la zona baja de la población. Pronto se integraron en la población y al vivir dentro del mismo casco eran conocidos, se podrían encontrar con la gente en los negocios de comida, en los restaurantes, en la calle, sin mas o en cualquier acto cívico. Se empezaron tambien a solidarizarse con los trabajadores, se instauró la Caritas parroquial, se comenzó a tener una vida integrada con la población hasta el punto de que los misioneros formaban parte del paisaje. Los OMI en los primeros años realizaron una bonita labor religiosa y también eran considerados por su dedicación y su entrega a los más pobres.

Empezaron a conocer la ley de extranjería y a dar charlas a los inmigrantes para que regularizaran su situación, se les fue dotando de abogados, médicos, personas que les ayudaban y les asesoraban en los tramites burocráticos. Poco a poco la labor social comenzaba a tener fuerza.

Se realizó un programa y un estatuto de la misión de Cádiz, que desde todo punto resultaba ser un modelo. En dicho proyecto comunitario se abarcaban varios elementos: la vida de fe, la vida parroquial, la vida de misión, la relación con el resto de la provincia.

Los primeros años de la comunidad eran años de asentamiento. Podemos decir que la etapa de instauración se completó con la llegada del relevo a la comunidad. Para hacernos una idea por la comunidad han pasado más de 14 oblatos. Se han ido sucediendo. Algunos estuvieron trabajando en este campo misioneros hasta 5 años; otros han durado menos. Pero todos los oblatos que han pasado por aquí han dejado su impronta.

Los primeros años fueron años de buscar personas que se implicaran en la catequesis tanto de niños como de familias. Los años posteriores se abrieron nuevos impulsos misioneros trabajando con niños y adolescentes; se abrieron las caritas en todas las parroquias y la atención a los necesitados era una prioridad; se trabajo bien y mucho con jóvenes y niños, con matrimonios, se realizó una misión popular, se crearon asambleas, se promovieron reuniones en las casas, se realizó un seguimiento a los enfermos e impedidos, se cuidaban las celebraciones de las eucaristías, así como las celebraciones típicas de cada una de las etapas del año. No podría faltar la atención esmerada a la semana Santa, que por estas tierras tiene una especial importancia, las primeras comuniones, las romerías, las procesiones de los diferentes patronos de las parroquias, las misas rocieras, así como la preocupación por las asociaciones de jubilados, la visita a las clases de los colegios e institutos, las campañas juveniles y vocacionales, la creación de coros y clases de guitarra. Lástima que no quepa en estas pocas lineas todo lo que se ha hecho durante estos años.

Los Oblatos dejan un bonito recuerdo en muchas personas, personas que no olvidarán el paso de estos misioneros por estas tierras, que nunca olvidarán cómo en los momentos alegres y en los más duros los Omi han estado al lado de la gente  a la que servían.

Por esta comunidad han pasado varios oblatos .Algunos de ellos venidos de otras tierras de misión y a decir de ellos aquí hay un campo de misión amplio.  No cabe duda que los que vengan posteriormente , los Misioneros Esclavos de  María y los Pobres del Tercer mundo sabrán continuar la tarea que han comenzado estos humildes siervos del evangelio.

Podremos concluir nuestra  reflexión con aquella palabra que un día escuchamos de nuestro maestro de novicios: hemos trillado con los bueyes que tenemos no con los que quisiéramos. también decir que “Hemos sido unos siervos inútiles, solo hemos hecho lo que teníamos que hacer”.

Se culmina una etapa de apostolado. Son doce años plagados de buenas noticias ,de buenas relaciones sociales, humanas y también religiosas. También hay que decir que quedan atrás muchos sinsabores, muchos fracasos pastorales que duraron lo que dura un abrir y cerrar de ojos, muchos momentos donde la perseverancia fue también un elemento que distorsionaba la armonía del paisaje. Momentos por qué no decirlo de “sinsabores” que conlleva todo el trabajo de roturar la tierra, de ararla, de regarla, de cuidarla y mimarla, y de ver que hay frutos que a todas luces se presienten escasos y muchas veces inexistentes… pero hay que ser conscientes que es lo que nos espera, es lo que ha dado de si nuestro paso por estas tierras. Decimos un adiós muy sentido. Como la copla: “cuando un amigo se va algo se muere en el alma”— algunos lo podrán cantar otros podrán decir: “ya era hora que se fueran estos tipos”. De todo hay en la viña del Señor. !!!!

Por todo ello personalmente solo me queda decir GRACIAS  a todos los que me he encontrado en el camino durante estos tres años. Gracias por acogerme, por animarme a no venirme abajo, por sostenerme en la ilusión con la que llegamos aquí, Gracias a todos los que habéis estado al tanto de nuestras cuitas, de nuestros sinsabores y también gracias por haberos acordado de nosotros en la oración, pidiendo fuerza, constancia, espíritu entregado, sacrificio, etc.

Como dicen por las tierras allende los mares Perdonen ustedes lo malo. Fue bonito mientras duró. Ahora nos espera un nuevo horizonte, una nueva etapa en la vida de apostolado. Nunca nos daremos por vencidos, seguiremos cultivando la tierra, nos toca desbrozar, aricar, cabar, regar y esperar que el fruto venga, que no será más que con nuestro esfuerzo de cada día, dependiendo de con cuanto amor pongamos en la tarea encomendada, en la misión que la provincia desea de nosotros.

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