Diario venezolano

Algunas reflexiones sobre mi estancia en Venzuela
Despues de dos meses me dispongo a cerrar una etapa mas en mi vida. Posiblemente sea esta la ultima vez que vuelva a pisar suelo venezolano. He vivido unos meses de autentica paz y tranquilidad a pesar de los malos augurios que estaban en el ambiente y que poco a poco habían querido adueñarse de mi mente. El hecho primero de la organización del viaje, y los preparativos que tuve que hacer antes de venir; la dificultad añadida de conseguir medicinas y poder pasarla por la aduana sin tener que recibir ninguna advertencia, la primera requisa que me hicieron en el aeropuerto de Barajas, donde que quitaron dos champus, un frasco de colonia y otro de alcohol así como las tijeras y el cortaúñas que traia por “si acaso” lo necesitaba; el cacheo que me hicieron y las pequeñas incomodidades que supone poner el pie en un terminal, que después de los últimos acontecimientos mundiales han hecho los viajes más seguros pero mas “pejilgueros”. Hizo que mi salida y mi entrada en Venezuela fuer un poco complicada. Pero gracias a Dios después de nueve horas y habiendo tomado en el avión un pequeño tentempié, todo fue bien.
La llegada al aeropuerto también se realizo sin inconvenientes. Todo fue a pedir de boca. Llegada al terminal y estaban nuestros hermanos de Catia esperando y todo fueron atenciones. Una pequeña ducha, un cambio de impresiones, un intercambiar “mercancía” y entregar el preciado prociuto o jalufo a los hospitalarios y siempre atentos hermanos de comunidad, y a dormir. La primera noche en Caracas fue una noche tranquila. Solo un poco desasosegado porque hasta ultima hora no sabía si se había gestinado el billete de avión para el interior del Pais, pues al dia siguiente pensaba salir de Caracas ,via la Fria hacia la ciudad de Sn Cristóbal.
Al final ,después de un reparador sueño y cuando en España serían las 12 del medio día, ya estaba yo camino del aeropuerto hacia la Fria, en el Tachira. Al llegar , después de unos minutos de vuelo tranquilo y comodo, me esperaba quien es para nosotros un oblato honorario, el Sr Pedro que había sido advertido de mi llegada y estaba preparado para trasladarme a la comunidad de S. Cristobal. La llegada al terminal de la Fria ya era para mi territorio conocido, pero pronto me di cuenta de que estaba en un territorio hostil. Las pancartas y letreros que me daban la bienvenida eran los rostros ya las caras sonrientes de Chavez y Maduro, los presidentes que ha tenido Venezuela en estos 16 años desde que me fui por ultima vez de esta tierra. Los rostros alegres, sonrientes y “satisfechos” de estos señores , chocaban con los rostros tristones, angustiados y carentes de esperanza que me encontré en las personas que recibían a los viajeros de este vuelo entre los que se encontraban personas con celulares de ultima generación, tablets y maletas caras. Las personas que me encontré al bajar del avión eran personas que tenían una cara de “acontecimientos”. Luego me di cuenta de la triste realidad. Venezuela era más pobre, era más insegura, era más triste, mas preocupada sin un futuro alagueño a corto plazo… era un país totalmente entregado a la revolución bonita, como le gustaba decir al ahora llamado “comandante eterno”, líder del socialismo del siglo XXI.
La llegada a S. Cristobal, fue una llegada un poco accidentada. Las entradas a Palo Gordo estaban cerradas porque el puente que comunica a la parroquia con la zona industrial, estaba cerrada. Esto provocaba que el trafico tenía que desviarse hacia otra entrada. Con el consiguiente retraso, con las colas , etc. Poco tiempo después me dijeron que este problema llevaba ya varias semanas y se presumía que tardara en solucionarse unos meses. En fin me empezaba a dar cuenta de que la Venezuela que yo había dejado ahora hacia ocho años no era ni por asomo la misma. En 8 años las carreteras se habían deteriorado, los cauchos de los carros se veían muy gastados, luego me enteré que un caucho está carísimo, que las baterías de los carros no se consguian, que la comida escaseaba, que para encontrar papel higienico o toallitas sanitarias te las veías y te las deseabas.. etc. Por si fuera poco se veian cosas que no eran muy tranquilizadoras: el hampa campaba por sus fueros, había habido casos de utilizar la justicia para intereses, incluso se daban casos de “linchamientos populares”, y de personas que realizaban juicios sobre otras personas, pero sin pruebas y sin “comprobaciones “ independientes.
Poco a poco fui viendo cómo la gente de iglesia expresaba su descontento con la situación pero por miedo a decir más de lo que tenía que decir se callaba, dado que existían personas de las que uno no se podía fiar. En silencio y en momentos puntuales las personas te hablaban de los pormenores de la situación, de la crisis, de la dificultad de comer diariamente, de los problemas que se presentaban cuando había niños pequeños, etc.
Todo era un vivir en ascuas. La indiferencia de las autoridades dejaba a la gente también desprotegida. De que servia que denunciaras algo, si la mayor parte de las veces el causante del problema al día siguiente estaba en la calle.

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