Diario personal

Mi primer diario, realizado en mi estancia en Venezuela. Año 2016

Algunas reflexiones sobre mi estancia en Venzuela

Despues de dos meses me dispongo a cerrar una etapa mas en mi vida. Posiblemente sea esta la ultima vez que vuelva a pisar suelo venezolano. He vivido unos meses de autentica paz y tranquilidad a pesar de los malos augurios que estaban en el ambiente y que poco a poco habían querido adueñarse de mi mente. El hecho primero de la organización del viaje, y los preparativos que tuve que hacer antes de venir; la dificultad añadida de conseguir medicinas y poder pasarla por la aduana sin tener que recibir ninguna advertencia, la primera requisa que me hicieron en el aeropuerto de Barajas, donde que quitaron dos champus, un frasco de colonia y otro de alcohol así como las tijeras y el cortaúñas que traia por “si acaso” lo necesitaba; el cacheo que me hicieron y las pequeñas incomodidades que supone poner el pie en un terminal, que después de los últimos acontecimientos mundiales han hecho los viajes más seguros pero mas “pejilgueros”. Hizo que mi salida y mi entrada en Venezuela fuer un poco complicada. Pero gracias a Dios después de nueve horas y habiendo tomado en el avión un pequeño tentempié, todo fue bien.

La llegada al aeropuerto también se realizo sin inconvenientes. Todo fue a pedir de boca. Llegada al terminal y estaban nuestros hermanos de Catia esperando y todo fueron atenciones. Una pequeña ducha, un cambio de impresiones, un intercambiar “mercancía” y entregar el preciado prociuto o jalufo a los hospitalarios y siempre atentos hermanos de comunidad, y a dormir. La primera noche en Caracas fue una noche tranquila. Solo un poco desasosegado porque hasta ultima hora no sabía si se había gestionado el billete de avión para el interior del Pais, pues al dia siguiente pensaba salir de Caracas ,via la Fria hacia la ciudad de Sn Cristóbal.

Al final ,después de un reparador sueño y cuando en España serían las 12 del medio día, ya estaba yo camino del aeropuerto hacia la Fria, en el Tachira. Al llegar , después de unos minutos de vuelo tranquilo y cómodo, me esperaba quien es para nosotros un oblato honorario, el Sr Pedro que había sido advertido de mi llegada y estaba preparado para trasladarme a la comunidad de S. Cristobal. La llegada al terminal de la Fria ya era para mi territorio conocido, pero pronto me di cuenta de que estaba en un territorio hostil. Las pancartas y letreros que me daban la bienvenida eran los rostros  ya las caras sonrientes de Chavez  y Maduro, los presidentes que ha tenido Venezuela en estos 16 años desde que me fui por ultima vez de esta tierra. Los rostros alegres, sonrientes y “satisfechos” de estos señores , chocaban con los rostros tristones, angustiados y carentes de esperanza que me encontré en las personas que recibían a los viajeros de este vuelo entre los que se encontraban personas con celulares de ultima generación, tablets y maletas caras. Las personas que me encontré al bajar del avión eran personas que tenían una cara de “acontecimientos”. Luego me di cuenta de la triste realidad. Venezuela era más pobre, era más insegura, era más triste, mas preocupada sin un futuro halagueño a corto plazo… era un país totalmente entregado a la revolución bonita, como le gustaba decir al ahora llamado “comandante eterno”, líder del socialismo del siglo XXI.

La llegada a S. Cristobal, fue una llegada un poco accidentada. Las entradas a Palo Gordo estaban cerradas porque el puente que comunica a la parroquia con la zona industrial, estaba cerrada. Esto provocaba que el trafico tenía que desviarse hacia otra entrada. Con el consiguiente retraso, con las colas , etc. Poco tiempo después me dijeron que este problema llevaba ya varias semanas y se presumía que tardara en solucionarse unos meses. En fin me empezaba  a dar cuenta de que la Venezuela que yo había dejado ahora hacia ocho años no era ni por asomo la misma. En 8 años las carreteras se habían deteriorado, los cauchos de los carros se veían muy gastados, luego me enteré que un caucho está carísimo, que las baterías de los carros no se conseguían, que la comida escaseaba, que para encontrar papel higiénico o toallas sanitarias te las veías y te las deseabas.. etc. Por si fuera poco se veían cosas que no eran muy tranquilizadoras: el hampa campaba por sus fueros, había habido casos de utilizar la justicia para intereses, incluso se daban casos de “linchamientos populares”, y de personas que realizaban juicios sobre otras personas, pero sin pruebas y sin “comprobaciones “ independientes.

Poco a poco fui viendo cómo la gente de iglesia expresaba su descontento con la situación pero por miedo a decir más de lo que tenía que decir se callaba, dado que existían personas de las que uno no se podía fiar. En silencio y en momentos puntuales las personas te hablaban de los pormenores de la situación, de la crisis, de la dificultad de comer diariamente, de los problemas que se presentaban cuando había niños pequeños, etc.

Todo era un vivir en ascuas. La indiferencia de las autoridades dejaba a la gente también desprotegida. De que servia que denunciaras algo, si la mayor parte de las veces el causante del problema al día siguiente estaba en la calle.

La primera semana la pase en S. Cristóbal. Acompañe a un hermano que estaba solo y que tenía un trabajo grande dado que los domingos tenía que atender varias comunidades y celebrar cuatro misas. Me puse a la orden y en poco tiempo me puse al día. la atención a la feligresía que en otro tiempo fuera mi feligresía me daba seguridad y a la vez veían en mi aquel joven que les había dejado a decir de muchos de ellos casi sin despedirse. No era verdad, pero para ellos despedirse es algo muy importante, y yo me fui de aquella comunidad un tanto intempestivamente hasta el punto de que después solo iba a la parroquia para las reuniones que teníamos los lunes comunitarios. A las familias exceptuando a unas pocas no volví Por eso ahora ellos me echaban en cara su lógico “enfado”, por haberlos abandonado. Además de ello muchos me echaban en cara que no había estado presente en la ordenación del primer oblato venezolano. Que si esto, que si lo otro… yo escuchaba estoicamente todas las “por otro lado comprensibles” acusaciones y justas.

Estuve toda una semana con ellos y pude visitar varias familias, a dos por día podemos decir. comprobé de primera mano la situación que atravesaban los hogares, donde los sueldos no llegaban para nada. los productos de primera necesidad escasos, las casas a medio construir por problemas con el material, el cemento… vi cosas que me llamaban la atención, pero por otro lado vi caras más sonrientes mas felices, y más alegres que las vi en el aeropuerto. Además contaban cosas ya más personales, hablaban con total confianza y te comentaban las situaciones por las que habían vivido. La separación de los miembros de una familia en la que como el relato evangélico: “estaban divididos dos contra tres y tres contra dos… eso era evidente.” La culpa de esa división se acusaba al propio gobierno, a la ideología , a las maneras de concebir la política y hasta incluso a las maneras de concebir la religión. Vi cosas verdaderamente llamativas, y todo ello haciendo como que no me preocupaba, sentía interiormente una impotente sensación de abandono. Además poco a poco me fui dando cuenta que la gente había cambiado mucho, que las personas no perecían las mismas, que los hijos habían crecido que todos lo que le conocían a uno le recordaban cosas de las que uno no se acordaba… poco a poco fui viendo que la distancia y el olvido si merman el cariño y la amistad, y que quien anteriormente era muy amigo, o tenía muchos recursos en la relación se había vuelto un poco indiferente.

 

 

 

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