Santos del dia

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Su origen es incierto, pero se estima que fue pintado hacia el siglo XIII o XIV. Parece ser que es un copia de una pintura de Nuestra Señora realizada por San Lucas. Este icono de la Virgen María muestra a la Madre con el Niño Jesús. El Niño observa a dos ángeles que le muestran los instrumentos de su futura pasión y se agarra fuerte con las dos manos de su Madre. El cuadro nos recuerda la maternidad de la Virgen y su cuidado por Jesús desde su concepción hasta su muerte. Hoy la Virgen cuida de todos sus hijos que a ella acuden con plena confianza.

CALENDARIOS concretos del día en España:
Arzobispado Castrense: Cuerpo de Sanidad Militar: Santa María Virgen del Perpetuo Socorro (S). Redentoristas (F).
Córdoba y Palencia: San Zoilo, mártir (MO).
Servitas: Beato Tomás de Orvieto, religioso (ML).

MARTIROLOGIO del día:
San Cirilo, obispo y doctor de la Iglesia, que elegido para ocupar la sede de Alejandría, en Egipto, trabajó con empeño para mantener íntegra la fe católica, y en el Concilio de Éfeso defendió los dogmas de la unidad de persona en Cristo y la divina maternidad de la Virgen María (444).
2. En Cartago, santa Gudena, mártir, la cual, por orden del prefecto Rufino, fue sometida por cuatro veces al suplicio del potro, lacerada con garfios, vejada con varias pruebas en la cárcel y, finalmente, degollada (203).
3. En Córdoba, en la provincia hispánica de Bética, san Zoilo, mártir (303).
4. En Constantinopla, san Sansón, presbítero, amigo de los pobres, que habiendo sanado de una enfermedad al emperador Justiniano, logró que éste levantase un hospital (560).
5. En Chinon, en la Galia Turonense, san Juan, presbítero, que, nacido en Bretaña, por amor de Dios se escondía de la mirada de los hombres, recluyéndose en una celda junto a la iglesia del lugar (s. VI).
6. En Milán, de Lombardía, san Arialdo, diácono y mártir, que reprendía enérgicamente las costumbres de los clérigos simoníacos y depravados, y por su celo en favor de la casa de Dios fue asesinado cruelmente por dos clérigos (1066).
7. En Corneto, cerca de Bovino, en la Apulia, beato Bienvenido de Gubbio, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que se conformó a la vida de Cristo por su humilde servicio a los enfermos (c. 1232).
8. En la ciudad de Nam Dinh, en Tonquín, santo Tomás Toán, mártir, el cual, siendo catequista y responsable de la misión de Trung Linh, en tiempo del emperador Minh Mang sufrió, por su fe en Cristo, nuevos y terribles suplicios en la cárcel, hasta que falleció de hambre y sed (1840).
9. En el cantón de Friburgo, en Suiza, beata Margarita Bays, virgen, la cual, permaneciendo con su familia, trabajaba como sastra y atendía las necesidades del prójimo sin abandonar la vida de oración (1879).
10. En Moulins, en Francia, beata Luisa Teresa Montaignac de Chauvance, virgen, que fundó la Pía Unión de las Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús (1885

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Aprendiendo a amar:

Ésta era la oración diaria del israelita piadoso: “Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal. Las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales”. Continuar leyendo

Domingo cuarto de cuaresma

Reflexiones sobre el Domingo IV de cuaresma

El texto y su contexto

Leamos Juan 3,14-21:

“14Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto,
así tiene que ser levantado el Hijo del hombre,
15para que todo el que crea tenga por él vida eterna.
16Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único,
para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por él.
18El que cree en él, no es juzgado;
pero el que no cree, ya está juzgado,
porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
19Y el juicio está en que vino la luz al mundo,
y los hombres amaron más las tinieblas que la luz,
porque sus obras eran malas.
20Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz,
para que no sean censuradas sus obras.
21Pero el que obra la verdad, va a la luz,
para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios”.

Texto del Evangelio Nicodemo y Jesús
El Evangelio de este domingo nos presenta la parte final del diálogo de Jesús con Nicodemo, el Maestro de la Ley, Fariseo y Magistrado judío que vino a ver a Jesús de noche. Aquí Jesús aborda el tema de la luz que disipa las tinieblas. Por cierto, una bella conclusión para el encuentro nocturno.

Para cultivar la semilla de la Palabra en la vida

5.1. ¿Cuál es el contexto de la enseñanza de hoy? ¿A qué estaba respondiendo Jesús?

5.2. ¿Qué idea tengo del amor de Dios?

5.3. ¿Qué afirma Jesús sobre lo que Dios ha hecho por nosotros? ¿Que grado de realidad tienen para mí estas afirmaciones? ¿Las considero descripciones de la realidad decisiva para mi vida?

5.4. ¿Qué mundo es aquel que es dejado a sí mismo y a su destino? ¿Qué mundo es aquel que es sostenido por el amor de Dios y por su voluntad de salvación?

5.5. ¿Me doy cuenta de que en el mensaje de Jesús todo se fundamenta sobre Dios y sobre la fe? ¿Cuáles son los pasos del dinamismo del “creer”? ¿Cómo me voy a preparar para la renovación de mi fe en la Vigilia Pascual?

Jesus y el Templo

Jesucristo, Nuevo Templo. El orden entre la religión del corazón y la veneración por el Templo, a que hemos aludido a propósito de los profetas, se observa de modo semejante en Jesucristo: aparte de cumplir el rito de la presentación y rescate de los primogénitos (Lc 2, 22-39), Jesús siente, ya de niño, la atracción de la ‘casa de su Padre’ (Lc 2, 41-50) y, de mayor, el celo por el Templo como ‘casa de oración’, mancillada por los negociantes (Mt 21, 12-13; Mc 11, 11.15-17; Lc 19, 45-46; Io 2, 13-17; cfr. Is 56, 7; Ier 7, 11). Aprueba los cultos a Dios allí practicados, aunque denuncia la superficialidad que se ha infiltrado (Mt 5, 23 ss.; 12, 3-7; 23, 16-22; etc.). Pero, llevando a su culmen las predicciones de los antiguos profetas anuncia, no sin dolor, la ruina definitiva del Templo (del tercer Templo, edificado por Herodes el Grande), del que, ante el asombro de los Doce, predice que no quedará piedra sobre piedra, como en efecto sucedería unos treinta años después (el 70 d. C.).

La revelación más profunda y misteriosa sobre el Templo la expone Jesús después de la expulsión de los vendedores, cuando los judíos le preguntan qué señal les da para actuar así (lo 2, 18). S. Juan nos ha conservado esta respuesta de Jesús: ‘Destruid este Templo y en tres días lo levantaré’ (lo 2, 19). El mismo Evangelista continúa: ‘Los judíos le replicaron: en cuarenta y seis años fue edificado este Templo y ¿tú lo vas a levantar en tres días? Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que ya lo había dicho, y creyeron en la Escritura y en la palabra de Jesús’ (lo 2, 20-22).

La antigua profecía, tantas veces repetida por Dios, de que habitaría en medio de los hombres (Ex 25, 8; 13, 14; Ier 7, 3-7; Ez 43, 9; Ps 5, 12) se cumple de manera plena e inimaginada en el Cuerpo de Cristo, ‘porque en Él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente’ (Col 2, 9). El mismo término habitar es el empleado por S. Juan, al comienzo de su Evangelio, para resumir el misterio de la Encarnación: ‘El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros’ (lo 1, 14). No puede negarse el sentido de cumplimiento que tiene para el autor sagrado la frase que ha escrito bajo la inspiración divina: el habitaré de la promesa veterotestamentaria se ha cumplido plenamente en Jesucristo, y puede emplear el aoristo ‘habitó entre nosotros’. Jesús, es pues, el nuevo Templo, el verdadero Templo, ‘no hecho por mano de hombres’ (Mc 14, 58; cfr. 2Cor 5, 1; Heb 9, 24; Act 17, 24), y del cual el antiguo Templo de Jerusalén era sólo una figura o signo anticipado.

6. La Eucaristía, Templo nuevo perenne en la tierra. Cristo resucita, primicias de la resurrección final de todos, a la vida gloriosa en los cielos ‘sentado a la diestra del Padre’ (Act 2, 33; 3, 7; Rom 8, 34; Eph 1, 20; Col 3, 1; etc.). Pero por su divino poder hace que su cuerpo glorioso ascendido a los cielos permanezca real, admirable y verdaderamente en la tierra, haciéndose presente en todos los lugares entre los hombres hasta el fin de los tiempos. El Cuerpo eucarístico de Cristo será la realidad viviente de la perpetuidad del cumplimiento de la antigua promesa ‘habitaré en medio de ellos’.

El culto público que los antiguos israelitas rendían a Dios en el Santuario y después en el Templo es sustituido por el culto supremo y público, definitivo, que el hombre puede dar a Dios: el Sacrificio por excelencia, la Santa Misa, en el que Jesucristo, sacerdote principal y víctima al mismo tiempo, renueva el Sacrificio único y para siempre de la Cruz. En este sentido adquieren su valor los innumerables templos cristianos, dentro de los cuales y a su abrigo se renueva el Sacrificio y guardan en sí el verdadero Templo, que es Cristo.

Domingo 3 de Cuaresma

Sobre el Evangelio (Jn 2, 13-25)

En La Nueva Alianza será Jesús Nuestro Templo y Sacerdote, y Sacrificio, y Culto:

– Este pasaje evangélico presenta a Jesús dando cumplimiento a las profecías mesiánicas de purificación del sacerdocio levítico (Mt 3, 2-5) y del Templo (Jer 7, 11; Zac 14, 21: ‘Y no habrá aquel día mercaderes en la Casa de Yahvé de los Ejércitos’).

– Pero esta purificación y santificación va a tener una plenitud y radicalidad insospechadas. Caerá el Templo y su Culto. Se erigirá un Templo nuevo: El nuevo Templo, y el Nuevo Pontífice de la Nueva Alianza será Cristo. Es la preciosa enseñanza teológica que se desprende del hecho y del diálogo que narran los vv. 18-22: A los sacerdotes del Templo que la exigen a Jesús presente los títulos y poderes del auto o ‘signo’ que acaba de realizar (15-16) les responde El remitiéndoles el milagro de su Resurrección: ‘Destruid este Santuario’. – El ‘Santuario’ es el propio Cuerpo de Cristo, Cuerpo del Verbo de Dios. Lo destruirán ellos. El lo reedificará en tres días; y será el ‘Santuario’ nuevo del nuevo culto ‘en espíritu y en verdad’ (4, 21-24; Ap 21, 22). Los judíos nada entienden. Los Apóstoles lo entenderán tras la Resurrección y a la luz de Pentecostés (v. 22).

– Ni el Templo de Jerusalén, ni el sacerdocio de Aarón, ni los innumerables sacrificios de animales tienen valor alguno. Cristo Resucitado es el verdadero Santuario-Pontífice y Sacrificio. Cristo es nuestro Templo; y nuestro culto es espiritual, filial, intimo; es verdad, amor, vida. Y ‘en Cristo somos nosotros Templo santo, morada de Dios en el Espíritu Santo’ (Ef 2, 22). Cristo nos ha asociado a ser en El un Cuerpo, un Templo: ‘Nosotros somos la Casa-Templo de Cristo’ (Heb 3, 6). ‘¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿No sabéis que vuestro cuerpo es Santuario del Espíritu Santo? Glorificad, por tanto, a Dios con vuestro cuerpo’ (1 Cor 6, 15.19).

(SOLÉ ROMA, J. M., Ministros de la Palabra. Ciclo B, Herder, Barcelona, 1979)

Comentario Biblico

El evangelista Juan narra los humildes comienzos del pequeño grupo de seguidores de Jesús. Su relato comienza de manera misteriosa. Se nos dice que Jesús «pasaba». No sabemos de dónde viene ni adónde se dirige. No se detiene junto al Bautista. Va más lejos que su mundo religioso del desierto. Por eso, indica a sus discípulos que se fijen en él: «Éste es el Cordero de Dios».
Jesús viene de Dios, no con poder y gloria, sino como un cordero indefenso e inerme. Nunca se impondrá por la fuerza, a nadie forzará a creer en él. Un día será sacrificado en una cruz. Los que quieran seguirle lo habrán de acoger libremente.
Los dos discípulos que han escuchado al Bautista comienzan a seguir a Jesús sin decir palabra. Hay algo en él que los atrae aunque todavía no saben quién es ni hacia dónde los lleva. Sin embargo, para seguir a Jesús no basta escuchar lo que otros dicen de él. Es necesaria una experiencia personal.
Por eso, Jesús se vuelve y les hace una pregunta muy importante: «¿Qué buscáis?». Estas son las primeras palabras de Jesús a quienes lo siguen. No se puede caminar tras sus pasos de cualquier manera. ¿Qué esperamos de él? ¿Por qué le seguimos? ¿Qué buscamos?
Aquellos hombres no saben adónde los puede llevar la aventura de seguir a Jesús, pero intuyen que puede enseñarles algo que aún no conocen: «Maestro, dónde vives?». No buscan en él grandes doctrinas. Quieren que les enseñe dónde vive, cómo vive, y para qué. Desean que les enseñe a vivir. Jesús les dice: «Venid y lo veréis».
En la Iglesia y fuera de ella, son bastantes los que viven hoy perdidos en el laberinto de la vida, sin caminos y sin orientación. Algunos comienzan a sentir con fuerza la necesidad de aprender a vivir de manera diferente, más humana, más sana y más digna. Encontrarse con Jesús puede ser para ellos la gran noticia.
Es difícil acercarse a ese Jesús narrado por los evangelistas sin sentirnos atraídos por su persona. Jesús abre un horizonte nuevo a nuestra vida. Enseña a vivir desde un Dios que quiere para nosotros lo mejor. Poco a poco nos va liberando de engaños, miedos y egoísmos que nos están bloqueando.
Quien se pone en camino tras él comienza a recuperar la alegría y la sensibilidad hacia los que sufren. Empieza a vivir con más verdad y generosidad, con más sentido y esperanza. Cuando uno se encuentra con Jesús tiene la sensación de que empieza por fin a vivir la vida desde su raíz, pues comienza a vivir desde un Dios Bueno, más humano, más amigo y salvador que todas nuestras teorías. Todo empieza a ser diferente.